martes 3 de mayo de 2011

¡Todos podemos compartir el evaneglio!

En África, un misionero le predicó el evangelio a una anciana que había perdido la vista. Un día, la anciana le pidió al misionero que subrayara con color rojo el pasaje Juan 3:16. Al misionero le intrigó por qué una anciana ciega y analfabeta necesitaría subrayar la Biblia, pero hizo lo que ella deseaba. Desde aquel día, la anciana comenzó a ir a la entrada del colegio para hablar a los estudiantes. “Joven, ¿podrías leerme lo que está subrayado en rojo?”. Cuando el joven terminaba de leerle el pasaje de Juan 3:16, la anciana le decía: “Muchas gracias, pero ¿entiendes lo que acabas de leer?”. Y cuando el joven le contestaba que no, la anciana le decía: “Yo te lo voy a explicar. Quiere decir que Dios nos ama. Por amor a nosotros, Dios nos envió a Su único hijo, Jesús. Y cuando creemos en este Jesús, nuestro pecado es perdonado, somos considerados Sus hijos, y recibimos vida eterna”. Era una anciana que tenia al menos tres discapacidades (edad avanzada, analfabeta y ciega), pero a pesar de ello, podía evangelizar, porque su gratitud por la gracia y el amor de Dios era grande.

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